20 Mar

Relato de una ruptura

Relato de una ruptura

Vivir una ruptura es una de las situaciones más complicadas a las que nos podemos enfrentar. En un primer momento nos sentimos incapaces de seguir adelante, nada tiene sentido y el miedo a la soledad nos aterra.

Las rupturas son uno de los motivos más frecuentes en consulta, así que me ha parecido mejor mostraros este proceso con el relato de una persona que lo ha vivido. Desde su testimonio quiero dar un mensaje de ánimo a todas las personas que estén pasando por esta situación (Gracias a L. por compartir su experiencia):

De repente, un día, en cuestión de segundos, mi vida cambió. La que había sido mi pareja durante más de 20 años, me comunicaba que me dejaba por otra. En realidad no me dejó, le dejé yo en cuanto me lo dijo.

Nuestra relación no iba bien. Y digo nuestra porque era de los dos, aunque él nunca estuvo donde debería haber estado. Todo se me vino abajo. No quería ir a trabajar. No quería atender a los niños. No quería relacionarme con nadie. No quería comer. Sólo deseaba meterme en la cama, acurrucarme y llorar si venía al caso. Sientes que no eres persona. Me sentía rara y presentía que la gente me miraba como si tuviese una enfermedad muy contagiosa. Imaginaba que hablaban a mis espaldas apiadándose de mi desdicha.
Y así, día tras día.

Se me cerró el estómago. Perdí 10 kilos. Tuve anemia. Tomaba ansiolíticos (gracias a ellos podía dormir, descansar y seguir viviendo). Tomé antidepresivos (aunque los dejé muy pronto porque no me sentaron bien). Visitaba al médico de cabecera cada quince días porque me quería controlar. Y busqué la ayuda de un psicólogo. En mi caso, mi querida Mar.

Cuando empiezas a darte cuenta que no puedes seguir así, le pones freno a tu desdicha. Porque siempre he dicho y sigo diciendo, que cuando tienes este traspiés en tu vida, o haces por salir o tu familia te entierra. Y yo decidí salir. Al principio sin ganas. Pero tenía que hacerlo por mis hijos, por mi familia y por mi misma.

La fuerza de voluntad tiene que ser muy grande y el que salgas o no del hoyo, depende sólo y exclusivamente de ti, al 100 por 100. Las ayudas externas son importantes, tanto personales como medicinales, pero si tu cabeza no tira de ti, malo. Proceso lento por el que hay que pasar.

Hay algo muy curioso. La clave es “conocer gente”. Lo oía hasta la saciedad. Pero nadie sabe que no conoces a nadie que está en tu situación. Tus amigas están felizmente casadas y con hijos, por lo que no puedes contar con ellas. Tu familia tiene su vida. No te atreves a salir sola al cine, a pasear…

Todos los comienzos son difíciles y duros. Pero un día, alguien te dice (primo, amiga, hermano, vecina, compañero de trabajo, la del kiosco de la esquina…) que conoce a alguien en tu misma situación. Y que le llames. Y que te animes. Y que salgas.

Y un día, después de pensarlo muuuucho, le pones un whatsapp. Y te contesta muy amablemente diciéndote que te coge de la mano y te saca del hoyo sí o sí. Y yo cogí esa mano. Y ahora mismo, tengo que reconocer que, gracias a esa persona, soy otra.

Pero no es todo de color de rosa. Tenía que encajar con un grupo, unas personas, unos hombres y unas mujeres que ya se conocían desde hace tiempo y yo venía de nuevas. Y cuando me iba a mi casa, pensaba que “no” que “yo no encajo aquí”. Porque, realmente, no encontraba mi lugar.

Pero aquí es donde no hay que tirar la toalla. Volví a salir con esa gente. Volví a hablar con ellos. Participé en el grupo de whatsapp. Me apuntaba a los eventos organizados, salí de casa…Te aportan y aportas. Se me abrió un mundo completamente nuevo, desconocido y atractivo para mí.

Así que después de sentirme totalmente desgraciada, pensando que me quedaría sola para siempre, sintiéndome vieja para empezar de nuevo pero joven para quedarme sin hacer nada….salí del hoyo, se sale, claro que se sale. Pero todo depende de ti.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *